Nuevo relato: "PD: Sí, dije "próxima vez" porque espero que haya otra."

lunes, 15 de agosto de 2011

PD: Sí, escribí “Próxima vez” porque espero que haya otra


Cuando Jeremy pasó por la puerta principal, pudo percibir que algo no andaba bien. Una de las razones era el silencio, cuando su esposa estaba sola en la casa, siempre escuchaba música. Ahora no se oía nada, y se suponía que a este horario ya debería haber vuelto a su hogar. Es más, el silencio tampoco se oía. Todos esos ruidos que están ahí pero uno no nota a menos que preste atención (la heladera, el reloj, etc) también parecían haber abandonado la casa.
Cuando metió la mano en su bolsillo encontró un papel blanco. De un lado había unas palabras escritas. Algunas anotaciones viejas, seguramente, del otro lado decía: “PD: Sí, escribí “próxima vez” porque espero que haya otra. Ya no puedo seguir con esto. Debemos dejar de vernos, J, no puedo hacerle esto a él.” Esa era probablemente parte de la carta que Rae le había escrito cuando estaban en la secundaria y ella engañaba a su novio con Jeremy. Ahora estaban casados y quién sabe dónde estaba el otro.
Con inseguridad, se acercó a la cocina. Entró. Rae no estaba ahí. Tal vez se encontraba en el piso de arriba. No, Jeremy no lograba convencerse ni a sí mismo. Seguramente había salido. No estaba seguro de por qué se hacía tanto problema, es decir, que su esposa hubiera salido no significaba nada grave ¿o sí? No, entonces ¿por qué se sentía así? ¿Sería pura paranoia?
Entonces lo vio: un sobre tan azul como los ojos de su amada. Se aproximo con desconfianza, como si fuera un bicho raro. Lo tomó en sus manos y probó doblarlo y sacudirlo. Adentro no podía haber nada más que un papel de buena calidad. Abrió el sobre. Contenía una foto. ¡No! No era cualquier foto. Allí estaba claramente su esposa, con un vestido despampanante, besando a un hombre indio. Bueno, eso podía suponer por su ropa, ya que se le veía de espaldas. Había algo más en el sobre. Era la tarjeta de un spa, pero estaba escrita en el reverso. “¡Mira lo que Kellan me dio!”, decía, “Esta foto en un poco vieja, lamento no habértela dado antes, pero en fin, aquí la tienes.” Podía notar la ironía impregnada en aquellas palabras. Al parecer su autor había sido un tal “J”. ¿Por qué no había puesto su nombre entero? ¿Quién era J? Sólo podía pensar en su mejor amigo, Jonno. Ah, también mencionaba a Kellan, otro viejo amigo. ¿Cómo había conseguido Kellan aquella foto? ¿Y por qué se la había dado a Jonno? Sí, Kellan siempre había sido más cercano a él, pero… se trataba de su esposa. Y sí, la foto debía ser bastante vieja porque Rae había bajado mucho de peso desde entonces.
Tenía que encontrarla. Aunque no tenía sentido correr a buscar a alguien sin tener ni un indicio de dónde puede estar, este no era un momento para apelar a la razón. Jeremy sentía que Rae estaba con ese hombre, y lo que es más, sentía que era peligroso. Si bien el hecho de que lo engañara con otro le provocaba un dolor comparable con el de unas diez puñaladas, su amor por ella le impedía permitir que algo le pasara. ¿Dónde estaba la chica con la que se había casado? Debía encontrarla y así averiguarlo todo.
Se precipitó al auto y arrancó. Recorrió cuadras y cuadras sin saber qué hacer. Tampoco podía llamarla al celular porque ninguno de los dos tenía uno. Eran una pareja muy amiga de la naturaleza y creían todo lo malo que se decía de los teléfonos celulares. Entonces, decidió que lo mejor que podía hacer era hablar con Jonno. Después de todo el podría darle a conocer algo más.
“Adelante, Jeremy”, se escucho desde adentro. La puerta estaba abierta, así que pudo entrar. “Estoy en la cocina”. Jeremy lo alcanzó. “Te ves agitado”, dijo Jonno un tanto preocupado, “¿Algo anda mal?”. ¿Cómo explicarlo? “Sí, ya lo sabes”, respondió.
Jonno recorría cada sector de su cerebro a una velocidad increíble, tratando de entender a qué se refería su amigo. “Tal vez. No sé. ¿De qué estamos hablando?”.
Jeremy titubeó. “Rae me engaña”. Su voz se quebró. Una cosa era pensarlo, y otra muy diferente decirlo en voz alta. Jonno se acercó con inseguridad. “Uh. Eh… ¿estás seguro? ¿Cómo lo sabes?”. Su amigo lo miró incrédulo. ¿A qué estaba jugando? “La foto…”. “¿Foto? Ah, eso me recuerda a que debo darte algo, pero hablaremos de eso en otro momento. ¿Tienes idea de dónde está ella ahora?” “No, por eso vine aquí. ¿Qué debo hacer?”. La pregunta tomó a Jonno por sorpresa.  “Bueno… no estoy seguro, pero creo que deberías fingir que no lo sabes”, como Jeremy parecía no captar, siguió hablando. “Ya sabes, hacerla sentir culpable. Haz de cuenta que no tienes idea y espera a que la culpa termine de carcomerle en cerebro. Entonces te lo dirá. Tu ya lo sabrás y ella quedará como la perdedora”. Parecía tener sentido, pero Jonno no había terminado. “Ahora, voy a darte unas fotos que encontré en una caja. Bueno, no fui yo quien las encontró en realidad, pero no importa. Sonará inoportuno ahora, pero toma este sobre. Es para tu esposa. Se supone que no debería dártelo, me dijo que lo que contiene es una sorpresa para algo que tiene pensado para su aniversario.” Jeremy notó un toque de sarcasmo en su voz, pero aun así tomo el sobre. Era tan azul como el otro. Eso confirmaba sus dudas de que “J” era Jonno. “Tienes muchos de estos sobres, eh.” “Sí, compre diez el otro día. Ahora ve a tu casa y recuerda: hazte el idiota.”
Jeremy decidió hacerle caso a su amigo. Debía fingir que no tenía idea de lo que Rae le hacía. Finalmente llegó a casa y dejo el sobre que Jonno le había dado sobre la mesa de la cocina. Se preguntó que podría tener su amigo que Rae quisiera… pero lo mejor era no saber. Si su esposa lo estaba engañando, al menos debía prepararle buenas sorpresas.
Entonces escucho el inesperado sonido de la cerradura de la puerta principal y su mujer entró a la casa. Se veía mucho más bellísima que de costumbre. Había salido con él. “Hola, Jeremy.”, dijo con dulzura. Con un seco hola, Jeremy se dirigió a su habitación. Estaba desesperado, tenía que hacer algo, no podía seguir así, Jonno no tenía razón. Tomó su abrigo y decidió irse lejos, al menos por el día. Cuando bajó las escaleras, Rae lo llamó. “¿Podrías darle esto a Jonno de mi parte? Es para agradecerle algo. No lo veas, es una sorpresa para ti, no seas malo.”, le advirtió mientras le entregaba una hoja blanca. Ella sabía que su marido jamás revisaría la nota si ella le pedía que no lo hiciera, mucho menos si era una sorpresa. Jeremy abandonó la habitación, dejando a Rae totalmente desconcertada. Iba a darle a Jonno la carta y aprovecharía la oportunidad para decirle como se sentía. Sin embargo, una vez que había salido de la casa, no pudo evitar la tentación de leer el mensaje que su esposa tenía que darle a su mejor amigo. “Muchas gracias por la foto”, decía, “Recuerdo esa fiesta de disfraces como si hubiera sido ayer. No nos veíamos bien al estilo indio, ¿no? Supongo que la próxima vez no nos vestiremos así” Entonces lo entendió todo: su esposa, que ahora se alejaba en su auto hacia quien sabe dónde, jamás lo había engañado, esa era la foto de la fiesta de Kellan del festejo del comienzo del año 2000. ¡Rae no lo engañaba! De cualquier manera iba a ir a casa de Jonno. “Ay, no”, dijo cuando se dio cuenta de que había dejado las llaves del auto en la casa. Cuando se disponía a entrar, sintió un golpe seco en la cabeza. Luego, una espeluznante punzada. Sin darle demasiada importancia, entró. Pero cuando Jeremy pasó por la puerta principal, pudo percibir que algo no andaba bien. Una de las razones era el silencio, cuando su esposa estaba sola en la casa, siempre escuchaba música. Ahora no se oía nada, y se suponía que a este horario ya debería haber vuelto a su hogar.  Cuando metió la mano en su bolsillo encontró un papel blanco. De un lado había unas palabras escritas. Algunas anotaciones viejas, seguramente, pero del otro lado decía: “PD: Sí, escribí “próxima vez” porque espero que haya otra. Ya no puedo seguir con esto. Debemos dejar de vernos, J, no puedo hacerle esto a él.
Con inseguridad, se acercó a la cocina. Entró. Rae no estaba ahí. Entonces lo vio: un sobre tan azul como los ojos de su amada.